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Cristina García Rodero PDF Imprimir E-mail
Un artículo de Ana Noor   
sábado, 23 agosto 2008
Coincidiendo con las últimas semanas de apertura de la exposición “María Lionza, la diosa de los ojos de agua” visible en la sala Alcalá 31 de Madrid hasta finales de Agosto, DSLR Magazine reflexiona sobre esta muestra así como el recorrido artístico de su autora, Cristina García Rodero, fotógrafa española nominada por Magnum Photo desde 2005, premio nacional de fotografía en 1996, autora  por lo tanto con una impecable proyección internacional.

En torno al mito venezolano de María Lionza y al abrigo de la programación oficial de Photo España 2008 la presente exposición cierra el trabajo de más de diez años de investigación donde la autora, fiel a su línea documental, muestra el complejo contexto religioso y social de la actual cultura venezolana.

Este proyecto reúne en la sala Alcalá 31 de la Comunidad de Madrid, ubicada en la calle  y número que da nombre al espacio, más de cien imágenes, síntesis en palabras de la propia autora de una selección próxima al uno por mil de todo el material disponible reunido en tan dilatado espacio de tiempo.

Su cuidado diseño expositivo, seguramente intentando aportar una visión didáctica, más propia de un museo de divulgación general, nos hará recorrer las diferentes salas bajo la constante excitación sensorial, recreando una suerte de mímesis ambiental con las situaciones originales que dieron lugar a las imágenes expuestas.

 


Ana Noor, 2008

Estrategias expositivas donde impera más el espectáculo de la instalación en sí misma que la verdadera reflexión acerca de las imágenes, transformando “el tema” por lo “temático”, principal constructor del estereotipo mental compartido.

Debe interesar más la masiva asistencia de un público generalista –según datos oficiales la exposición supera ya las 10.000 visitas desde su inauguración– aún cuando esta premisa de éxito mediático imponga ciertas restricciones, adjudicando una tabula rasa en los contenidos antropológicos o sociales visibles para el visitante, datos necesarios para entender correctamente el sentido y orientación de las imágenes.
 
Invirtiendo por ello el orden lógico de la exposición, donde brilla más intensamente el continente, debido a una elaborada parafernalia de alto presupuesto, que el contenido de la misma.


Ana Noor, 2008

En no pocas ocasiones al pasear por las distintas salas, sentimos cierta reminiscencia jerárquica, otorgando, aún sin ser conscientes por parte del comisariado o la artista, una visión colonial al producto definitivo, salas en la que a modo de parque temático universal, la cultura indígena reniega su especificidad en busca de ser sintetizada en un mero espectáculo de luces, colores, sonidos y gestos desnaturalizados.


Ana Noor, 2008
 

María Lionza

A colación de lo apuntando anteriormente y consciente de que de nada vale criticar sin aportar nuevas opciones, en el presente apartado se desglosa una explicación inicial del mito, seguida de manera ilustrativa por una selección de las imágenes expuestas, intentando con ello asumir la información y el respeto necesario para emitir un juicio de valor admisible, tanto hacia la obra de la autora como hacia la sociedad devota marialioncera.
María Lionza, es una deidad de masivo culto en Venezuela, fruto del sincretismo cultural, principalmente derivado de la hibridación entre la religión católica, algunas muestras nativa de Centroamérica y el culto animista africano. Hasta aproximadamente 1950 el mito, sus rituales y prácticas fueran originarios de Venezuela, posteriormente, en los sesenta, los movimientos de inmigración provenientes de Cuba y Haití, adoptaron el culto aportando algunos elementos de propios de la Santería y el Vudú.



El nexo de este culto radica en la práctica espiritista, por la cual las almas se introducen en los cuerpos de los médiums o materias poseyéndoles en distintos grados y condiciones, dotándoles entre otras cosas con la capacidad de sanar, pronosticar y velar por los seres queridos

Estas sesiones de posesión, son regidas por múltiples ritos, donde ciertos elementos, tales como humo del tabaco, las velas o el licor son usados como símbolos mágicos inductores al estado de trance, entonces los materias llevarán a cabo el acto de posesión, del cual derivará un futurible estado de  sanación psíquica o física en el creyente.



Es en el día de la Raza, el 12 de Octubre y en la Semana Santa cuando un mayor volumen de creyentes viaja hasta el distrito Urachiche, donde se ubica la montaña de Sorte, verdadero epicentro del culto. Sorte pertenece al  Cerro de María Lionza, declarado monumento natural en 1960, macizo montañoso donde nace el río Yaracuy, río de suma importancia en la génesis y desarrollo del mito.


El mito de María Lionza  cuenta en su haber con más de veinticinco versiones diferentes, suceso común en una religión sin apenas registros escritos donde el conocimiento se transmite mediante la oralidad, de generación en generación.


La versión más comulgada, adjunta posterior a este párrafo, es la elegida por la exposición para explicar los orígenes  del culto venezolano a María Lionza.

[…Hace mucho tiempo atrás la gente de Yaracuy (Jirjana), recibió un aviso o premonición de que una niña de ojos verdes iba a nacer. Eso se consideraba un alerta, porque sus ojos podrían ser una señal de malos tiempos por venir y, si veía su reflejo en el lago cercano, una monstruosa culebra podría salir de ella y traer muerte y destrucción.

Bajo esta profecía, y justo antes de la conquista española, una niña de ojos verdes nació. Estaba destinada a ser sacrificada a la gran Anaconda, por el aviso recibido. El padre la salvó y la envió a un lugar secreto donde creció. Veintidós guardias la cuidaron en esa nueva casa y se encargaban enérgicamente de prevenir que la niña se acercara al lago.

Un día los guardias se durmieron y ella se escapó de ellos. Fue al campo y encontró en su camino un bello lago, y con fascinación, vió su reflejo en el agua. Desde ese momento en adelante, ella tomó la forma de una anaconda y creció tanto que su cuerpo explotó y desbordó las aguas y trajo inundaciones al pueblo…] 1

Cada materia o médium tiene que aprender a solicitar o expulsar las diferentes fuerzas que más tarde poseerán su cuerpo, mediante la transcripción de una serie de códigos corporales, los iniciados podrán en las llamadas velaciones de desarrollo, practicar su capacidad espiritista.

Los cuerpos a sanar disponen a su vez de múltiples códigos escenográficos que acompasados a los esfuerzos corporales de las materias, deberán de saber representar conjuntamente para abrir sus cuerpos a la recepción espiritual.
 
Esta iconografía es construída principalmente a través de los sentidos, tomando contacto directo con la carne, mediante la pigmentación, el roce, la gesticulación o la convulsión de los cuerpos. Transcribiendo este repertorio de formas, sonidos y olores a toda una cartografía mental compartida, definida principalmente por atributos propios del pensamiento mágico, donde la significación plena del contexto es otorgada emocionalmente, conocimiento adquirido no tanto por la palabra sino por la experiencia directa con la acción y los acontecimientos.


Las culturas enraizadas en el pensamiento mágico, son producto común de la explotación visual de occidente, culturas diametralmente opuestas donde a modo de reserva natural, el “hombre blanco” extrae hasta la última gota de sus recursos.

Tras la globalización negativa en la que vivimos, lejos de realizar sinergia alguna, estas dos tipologías de pensamiento, cruzan sus ideales destruyéndose mutuamente, pastiche cultural presente, bajo la mirada atenta, en alguna de las imágenes expuestas.




La transculturalidad excluyente aquí expuesta, deja fuera cualquier discurso complaciente sobre la especificidad nativa y sus costumbres, tanto es así que un impertinente logo de “Nike”, marca además con especiales connotaciones negativas hacia los países subdesarrollados, irrumpe en la imagen, abriendo paso a otras interpretaciones posibles, tal vez más complejas que la consabida versión oficial.
 


¿No sería más interesante tratar en profundidad este tipo de choques culturales? Donde el mito y la teatralidad dejan paso a una imparable occidentalización, donde el ser mestizo no implica sólo cierto nivel de hibridación física sino más bien una pérdida de referentes culturales generatrices de la desorientación total del individuo, auténtico trance a superar por muchas comunidades postcoloniales.
Tal situación hace posible que la montaña de Sorte cuenta a día de hoy con gran volumen de público no sólo devoto sino en calidad de turista extranjero, a la espera de que “se baje el telón” y como no podría ser de otra manera, recoger, si su pericia se lo permite, alguna instantánea de tan exótico evento.

 

Cristina García Rodero

Siendo en lo posible simétricos y justos con los comentarios aquí disgregados, es lícito alabar las propuestas que desde muy joven la artista española supo defender, con verdadero empeño y éxito.

En 1976 la Fundación Juan March otorgó a la joven y recién licenciada  Cristina García Rodero, una beca de artes plásticas, con un año de duración, en principio orientada a generar una visión general de las costumbres y gentes del pueblo español, proyecto que fuera del amparo de la Fundación dilató hasta sus últimas consecuencias hasta 1991, dejando atrás quince años de ferviente dedicación, en principio compaginada “con cierta asimetría” con su labor docente tanto en la facultad de Bellas Artes de Madrid como en la escuela de Artes y Oficios.

El danzante azul, El Hito, España Oculta, 1989.

La síntesis de este inmenso proyecto se publicó en 1989 bajo el título, España Oculta, galardonado libro de obligada referencia en el mundo de la fotografía artística y documental, con el prólogo a cargo de Julio Caro Baroja, polifacético intelectual de las letras, experto antropólogo y etnólogo de las tierras españolas. Fue este proyecto inicial el verdadero impulsor de la prolífica carrera artística y profesional de la autora.

El Travesti, Trebujena, España Oculta, 1989.


Ofrecidas, San Martín del Pedroso, España Oculta, 1989.

Fotografías tomadas desde una clara postura documental, sin renunciar por ello a una estética definida, un estilo personal de marcada preferencia hacia la individualidad, aún cuando en sus fotografía podamos intuir masas, la atención se focaliza siempre en un minoritario reducto de individuos de intensa emotividad.


La Confesión, Saavedra, España Oculta, 1989.

España Oculta, tiene ciertas analogías con el trabajo realizado en Deleitosa por W.Eugene Smith años atrás, si bien difiere la mirada y la orientación, ambos proyectos aportan verdadero conocimiento antropológico acerca del “alto lugar”, aquel con una gran significación cultural, y cómo sus habitantes interactúan con este contexto.
Sólo unos años más tarde, surge la evolución natural de su anterior trabajo, esta vez incluyendo material fotográfico en color, España, Fiestas y Ritos, publicado hacia 1992 coincidiendo en tiempo con la exposición realizada sobre este proyecto en el entonces Museo Antropológico de Madrid, evidencia nuevamente de tan estrecha relación entre la obra de Cristina García Rodero y su función social, a medio camino de lo que pudiera ser un intento de “Antropología Visual”.


La Moma, Corpus Christi, España Ritos y Fiestas, 1992 (aprox).

Toros en San Juan, España Ritos y Fiestas, 1992 (aprox).

Tras otros proyectos, el actual desarrollo de la artista se centra en una investigación llamada, "Entre el cielo y la tierra", acerca de los contextos y comportamientos de lo humano dentro de espacios de dedicados al sexo, el ocio y la diversión.

Sin Título, Benicàssim, Julio 2007


Cristina García Rodero es uno de esos casos donde la calidad inicial, indiscutible en algunos de sus primeros proyectos, da paso a una excesiva estilización temática como son las series dedicadas a María Lionza o Rituales en Haití, rozando en muchos casos la línea que delgadamente separa estilo y recurso.

Salvo que conste lo contrario, todas la imágenes son propiedad intelectual de Cristina García Rodero, todos los derechos reservados.

 

 
Antropología visual

El significado de toda imagen, lejos de ser autónoma por ella misma, se ve condicionado siempre por su contexto cultural, y dependiendo de las pautas de exposición y difusión, así será entendida.

No olvidemos que al margen de su valor artístico, Cristina García Rodero siempre ha sido valorada desde la esfera socio antropológica, y es justo por lo tanto adjudicar una crítica plausible de sus imágenes desde este criterio específico.

Remitiendo estrictamente a lo ahora expuesto en la sala Alcalá 31, es inevitable pensar en cómo esas imágenes serían entendidas por sus propios actores o mejor aún como esas mismas personas hubieran captado, previa formación fotográfica básica, los hechos allí narrados. Disociando totalmente la mirada occidental, sería tal vez un trabajo más veraz y menos descontextualizado. 2
 
Esta mirada unilateral, centrada en la función social, hacia el trabajo de Cristina García Rodero, no es algo propio del capricho, se fundamenta en los pilares que desde sus comienzos impulsaron de manera imparable a esta fotógrafa española.

Siempre cercano a la fotógrafa, el ahora académico Públio López Mondéjar, tras su discurso de ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando dejó bien clara su postura de total rechazo a la incursión de la fotografía como obra de arte en sí misma.

Sobrevalorando con énfasis la referencialidad en oposición a la plasticidad, desenterró viejas polémicas, algo desfasadas en estos tiempos, en defensa de la fotografía como espejo de la memoria, traductor de la verdad absoluta. 3

Al margen de tan encendido discurso, el cual otorgará en el futuro interesantes réplicas, es curiosos como el ponente remitía directamente a la obra de Cristina García Rodero como ejemplo de ese, tan buscado, elemento de veracidad referencial.
 
Cerrando conclusiones parece difícil consensuar tal criterio después de investigar a fondo el elenco total de trabajos de la autora, donde de manera oscilante pasa de la recreación a la escenificación consensuada de la globalidad.
 
Ya hace algún tiempo Jean Baudrillard adelantó que el poder de los objetos, la realidad material, sería transferido hacia las imágenes, la realidad virtual diferida por los mass media. Quien disponga de los medios y la habilidad para construirlas estará en posesión de articular tantas realidades posibles como se le antoje, estos “simulacros” siguiendo la línea del filósofo francés son los encargados de difundir las versiones oficiales de los hechos acontecidos, siendo la rama documental una de las más afectadas por este tipo de manipulación.

Los últimos trabajos de Sebastián Salgado o Isabel Muñoz, muestran de manera evidente y análoga a la obra de Cristina García Rodero, hasta que punto estos nexos de dolor y pobreza, elegidos con devoción por ambos, son visualmente muy lucrativos, corriendo el peligro de generar un estilo fotográfico autónomo, suerte de “fotografía documental de seres minusvalorados”, fotografías tan encasilladas en sí mismas que pudieran ser fácilmente intercambiables entre sí.
 
Tematización similar a los temidos paisajes, desnudos, bodegones…típicos del argot fotográfico amateur.


1- PAÚL, Luis Alberto - Leyendas indígenas de Venezuela. Ministerio de Información y Turismo. Caracas – Venezuela, 1978

2- Esta táctica se aplicó con éxito por los antropólogos Sol Worth y Jhon Adair con los indios navajos en la década de los sesenta donde los indios, pasaban a ser informantes activos de su propia representación.

3- LÓPEZ, MONDÉJAR, Públio – La fotografía como fuente de memoria, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, 2008
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Última actualización ( lunes, 25 agosto 2008 )
 
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