Con esta doble propuesta pretendemos hacer justicia
a una de las
entidades, la Fundación Mapfre, que, desde que empezó a programar con
cierta asiduidad
exposiciones de fotografía, allá por finales del 2008, nos ha permitido
ver en sus salas del Paseo de Recoletos y Azca los trabajos de artistas
de la talla de Walker Evans, Graciela Iturbide, Lisette Model, Adam
Fuss o Eugéne Atget, por citar algunos de los más recientes.
Si se da prisa, aún puede visitar la excelente exposición de Gotthard
Schuh (Berlín 1897-Zurich, 1969),
hasta el 19 de febrero en la Sala Azca, que nos
ofrece una selección de los trabajos de uno de los fotógrafos suizos
más importantes y menos conocidos del siglo XX. Casi un centenar de
fotografías, organizadas en torno a cuatro o cinco temas clave para el
artista, entre los que destacan sus novedosos reportajes gráficos para
la revista Zürcher Illustrierte
durante los años 30, el libro Inseln
der Götter
(Islas de los dioses) publicado en 1941, a la vuelta de un viaje a
Singapur, Java, Sumatra y Bali, o su presencia en la asociación Kollegium Schweizerischer Photographen,
junto a fotógrafos como Werner Bischof o un joven Robert Frank, de los
que también se exhiben algunas imágenes, asociación dedicada, desde
1950 a 1956, a revalorizar la fotografía como medio subjetivo de
expresión artística.
Sala de exposiciones AZCA
FUNDACION MAPFRE Instituto de Cultura
Avda. General Perón, 40
Hasta el 19 de febrero de 2012
Por lo que respecta a Lewis W.
Hine, hay tiempo, se inaugura hoy sábado y estará en la
Sala del Paseo de Recoletos hasta finales de abril.
Producida por la Fundación Mapfre en colaboración con la Fundación
Cartier-Bresson de París, donde acaba de estar, y el Nederlands
Fotomuseum de Rotterdam, a donde viajará a finales de este año, y
comisariada por Alison Nordström, conservadora de fotografía de la
George Eastman House de Rochester, de donde proceden todos los fondos,
esta exposición responde, en palabras del director del Instituto de
Cultura, Pablo Jiménez Burillo, igual que las anteriores, al objetivo
de acercar al público los grandes nombres de la fotografía, en su
vertiente más humana.
Resulta difícil imaginar una elección más adecuadas que ésta. Lewis W. Hine (Wisconsin, 1874-Nueva York,
1940),
preocupado por el bienestar de los más desfavorecidos, recurrió a la
imagen fotográfica para reflejar, entre otras cosas, la injusticia y la
miseria de la época. A diferencia de otros artistas como Stieglitz, más
interesados en lo artístico de la condición humana, Lewis W. Hine
poseía una gran empatía hacia la clase trabajadora y una firme creencia
en el poder de la educación.
Su obra, algunas de cuyas imágenes han sido reproducidas hasta la
saciedad en todo tipo de soportes de la más variada calidad, no había
contado en España con ninguna retrospectiva de este calibre. Una
selección de 170 imágenes, en su mayoría de época, junto con
documentos y publicaciones, algunos de ellos inéditos, que recogieron
en su momento el trabajo de Hine, destinado a impulsar causas sociales
como la erradicación del trabajo infantil, el trato justo a la
inmigración, o la mejora de la vivienda: Charities and the
Commons, the Survey y the Survey Graphic, The Child Labor Bulletin o The American Child.
Agrupadas como es habitual en torno a sus grandes temas, en este caso
las imágenes obedecen también a un cierto orden cronológico.
Ellis
Island, El trabajo infantil, La encuesta Pittsburg, Chicago y Nueva
York, Europa, Trabajo... nos transmiten toda su enorme fuerza.
Lewis W. Hine empezó a fotografiar en Ellis Island hacia 1904
influenciado, en gran
parte, por el interés de su amigo y mentor, Frank A. Manny, en el tema
social de la inmigración y
las dificultades con las que se encontraban los recién llegados a
América.
A pesar de la sencilla descripción de muchas de sus imágenes -Judía en la isla de Ellis, Eslovaca en la isla de Ellis, Inmigrante italiana en la isla de Ellis-, los
sujetos
fotografiados no son reducidos a un simple "tipo" étnico.
Presentándolos en plano medio, Hine crea un equilibrio
perfecto entre el vestido y el rostro, la etnicidad y la
individualidad. Su punto de vista es también perfecto: lo
suficientemente cerca pero,
al mismo tiempo, a una cierta distancia. Los sujetos responden mirando
directamente a través del objetivo y, de hecho, a
través del espacio y el tiempo, a nosotros, espectadores. Hine entendió
muy bien
el poder de la mirada, y sabía que el contacto visual obligaba a los
espectadores a reconocer la humanidad de aquellos que demasiado a
menudo pasaban desapercibidos.

© Colección George Eastman House, 2012
En 1906 empezó a realizar trabajos de fotografía como freelance para el
National Child Labor Committee (Comité Nacional del Trabajo Infantil),
una organización dirigida por el
fundador de la Ethical Culture School, Felix Adler. Hine aplicó las
lecciones aprendidas en Ellis Island al gran cuerpo de
imágenes del trabajo infantil, que realizó de 1908 a 1917. Sus encargos
para la NCLC, que le llevaron a recorrer miles de kilómetros cada año,
fueron
realizados bajo condiciones poco alentadoras. Su presencia en minas,
hilanderías, talleres, fábricas, campos
y sweatshops raramente era
bienvenida por los que estaban al frente.
Haciendo de la necesidad virtud, Hine ideó una serie de subterfugios,
logrando la
entrada en los lugares de trabajo como vendedor o mostrando interés en
fotografiar la maquinaria en lugar de a los niños. Una vez dentro, Hine
trabajaba rápidamente para registrar sus sujetos y tomar notas sobre su
edad, tamaño y condiciones de trabajo.

©Colección George Eastman House, 2012

©Colección George Eastman House, 2012

©Colección George Eastman House, 2012

©Colección George Eastman House, 2012
Tras su estancia en Europa para documentar los movimientos de los
desplazados de la Primera Guerra Mundial por encargo de la Cruz Roja
americana, lo que le permitió a ésta recabar una importante ayuda
económica, Hine volvió a Nueva York en 1919.
El mundo de los años 20 y 30 estaba fascinado con la máquina. Los
fotógrafos respondieron a este entusiasmo por la
máquina de distintas maneras. Muchos de ellos ofrecían primeros planos
de detalles de gran fuerza estética, separando la forma de la función.
La máquina como símbolo de un orden
racional, atemporal, austera, impersonal.
Hine, por su parte, vió la tecnología casi exclusivamente en términos
humanos. En 1932 en la introducción de su único libro Men at Work: Photographic Studies of
Modern
Men and Machines, Hine
recuerda a sus lectores que ... Las ciudades no se construyen a
sí mismas, las máquinas no pueden fabricar máquinas, a menos que tras
todas ellas estén los cerebros y el esfuerzo de los hombres. Llamamos a
esto
la Era de la Máquina. Pero cuantas más máquinas utilicemos más
necesitaremos hombres reales para fabricarlas y dirigirlas.
De igual manera, en proyectos como
la construcción del Empire State Building (1930-1931), Hine
consistentemente retrataba a los trabajadores con gran simpatía y
respeto.
No obstante, e irónicamente, como ha visto algún crítico experto, una
de sus imágenes más conocidas Mecánico
de una central, ca. 1925, parece ilustrar todo lo
contrario de lo que Hine pretendía: la deshumanización del
hombre por la máquina. Al final lo mismo que la película Metropolis de Fritz Lang (1926) o Tiempos modernos de Chaplin (1936), Hine, a
pesar de su propio optimismo, nos lleva a plantearnos
el mismo dilema: la tecnología ¿nos salva o nos esclaviza?

©Colección George Eastman House, 2012

©Colección George Eastman House, 2012

©Colección George Eastman House, 2012
A finales de la década de los 30, tanto el mundo de la reforma
social como el de la fotografía habían cambiado. Hine encontraba
cada vez menos oportunidades de empleo y, a pesar de su éxito
temprano, pasó los últimos años de su vida dependiendo de la
beneficencia y dejado de lado como anticuado por las mismas entidades
reformistas que en otro tiempo le admiraban. Tras su muerte, su legado
le fue ofrecido
al MoMA de Nueva York, que lo rechazó. Fue rescatado por la Photo
League y transferido en 1955 a la George Eastman House, que nos permite
hoy disfrutar de esta retrospectiva.
La exposición se completa con un catálogo que constituirá una
publicación de referencia sobre la obra de Lewis Hine, sobre todo para
el lector español, que no disponía hasta ahora de ningún título a su
alcance. Además de una cuidada selección de 170 fotografías, el
catálogo incluye un texto de la comisaria Alison Nordström, que nos
desvela algunas novedades, como el hecho de que la colección de
la George Eastman House posea decenas de variantes de Mecánico de una central,
que difieren en la postura, la indumentaria y hasta la persona, tomadas
evidentemente mientras Hine dirigía la escena, alejado de la imagen del
fotógrafo ingenuo y primitivo, que mostraba la verdad literal intacta.
En la misma línea, nos habla de un ejemplo, aún más llamativo, en el
que el modelo pudo ser vestido y ambientado ficticiamente. Se trata de
un material recientemente adquirido por la George Eastman House, que
incluye un par de imágenes del mismo niño. En una se le ve sucio y
harapiento, mientras que la otra le muestra como un atildado
caballerito burgués, con su gorra de visera y corbata. La imagen del
niño andrajoso, explica la comisaria, se publicó en 1920, en la
cubierta
de un folleto de denuncia del trabajo infantil. Ambas imágenes se
reproducen el el catálogo.
Y para terminar, mencionar la estupenda página web monográfica sobre la
exposición, www.exposicionesmapfrearte.com/lewishine de indudable
utilidad para todos aquellos que por una u otra razón no puedan
acercarse a disfrutarla en directo.
Salas de Exposiciones RECOLETOS
FUNDACION MAPFRE Instituto de Cultura
Paseo de Recoletos, 23
Hasta el 29 de abril





