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Simultaneo
a la exposición del Museo Nacional Centro de Arte Reina
Sofía, el
Museo del Traje aporta una extensa revisión de los trabajos comerciales
de Edward Steichen bajo su cargo de director de fotografía para la
Vogue y Vanity Fair ambas de la editorial Condé Nast.
Bajo el título, "Steichen.
Fotografía de Moda: los años de Condé Nast, 1923 -1937" la
muestra comisariada por William
Ewing, Nathalie Herschdorfe, y Todd Brandow,
recoge gran parte de la obra fotográfica desarrollada por Edward
Steichen durante el período de entreguerras. Época de gran fama y
prestigio para Steichen, convirtiéndose en un pionero de la
fotografía publicitaria, considerado por muchos el primer fotógrafo de
moda moderno.
Autorretrato,
Condé Nast Publications©, 1929
Como otras grandes historias, todo empezó por un afortunado error.
En 1922 la revista Vanity Fair describía a Steichen en un artículo como
“el mejor fotógrafo de
retratos de la actualidad”,
pero añadía incorrectamente que abandonaba la fotografía para dedicarse
exclusivamente a la pintura, Steichen contestó por carta a la
publicación, agradeciendo amablemente tan adulador trato e incidiendo
la falsedad de este último aspecto, ya que aún sin abandonar su
actividad pictórica su verdadera exclusividad era ahora la fotografía ,
el por entonces director de la revista, Frank Crowninshield le invitó a
cenar donde el propio Condé Nast le ofreció trabajar para él como
director de fotografía para Vogue y Vanity Fair.
Portada de
Vogue 10 de julio del 1943.
Condé Nast Publications©, 1929
Condé
Nast conocía bien al artista, durante su estancia en París,
en
1907, Steichen había retratado a la mujer del editor, Clarisse Condé
Nast así como a su hija Natica en 1917, no dudo por lo tanto en
proponerle una irrechazable propuesta económica, 35.000
dólares
anuales, el salario medio estadounidense por aquel entonces rondaba la
cifra de 1.500 dólares al año, sustancial suelo que le valió, en su
momento, el titulo del fotógrafo mejor pagado de la historia.
Durante
este periodo, Steichen consolido un sólido estilo escenográfico,
diluyendo esa atmosfera pictórica de las primeras etapas por fuertes
contrastes, nítidos contornos y dinámicas formas. Con toda la herencia
visual de Camera Work, Steichen llevo la modernidad al
terreno de
la moda y el glamour, generando la cartografía visual de los “felices
años veinte”, escenificaciones mentales de una realidad inexistente peo
no por ello menos presente.
Steichen supuso el relevo
formal de la editorial, sustituyendo al principal fotógrafo del grupo
hasta 1922, el barón Adolphe de Meyer, de clara tendencia
pictorialista.
La actriz
Mary Heberden
Condé Nast Publications©, 1935
Black, Condé
Nast Publications©, 1935
La
moda, el glamour, la publicidad y el comercio engrasan el
imaginario colectivo de lo deseable, generando necesidades y
frustraciones a partes iguales, el individuo social embebido en este
síndrome de abstinencia constante, engulle a la velocidad de la
inconsciencia nuevos iconos visuales, metas que jamás logrará alcanzar.
Las promesas incumplibles, verdadero motor de la industria del
entretenimiento.
Todas
las épocas han tenido sus cánones estéticos y sin llegar a los extremos
actuales, la etapa de 1900 engloba a la mujer como la piedra filosofal
del diseño, mujer temida, amada, dominante y dominada en un colectivo
de representaciones donde la femme fatale prevalece como figura
dominante, actrices como Gloria Swanson o Marlene Dietrich fueron
modelo de este ideal, hábilmente representado bajo la mirada de
Steichen.
Fotografías históricas por el amplio calado social que
aún hoy transcriben, símbolos de toda una época, muestran la manera
masiva de entender el género femenino en los terrenos de la alta
sociedad americana de la década de los años veinte.
Gloria
Swanson, Condé Nast Publications©, 1929
Marlene
Dietrich, Condé Nast Publications©, 1934
La
obra personal de Steichen, asumió esta nueva etapa comercial donde
imperaba mostrar las cualidades del producto, sea cual fuere, bajo una
inusitada nitidez, con paralelos recursos, toda la obra personal
paralela a la actividad en Condé Nast proclama la composición directa,
aboga por la nitidez, el detalle, la simplicidad y rotundidad de las
formas.
La concha
espiral, 1921
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