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Un artículo de Valentin Sama
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miércoles, 26 marzo 2008 |
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A700: a los mandos
Sony
está trabajando duro, desde la introducción de su primera alfa 100,
para conseguir una identidad propia en el segmento de “los chicos
mayores”, en el de las cámara réflex monoculares digitales.
Con cada
paso que da, se acerca un poco más, y se despega sutilmente del
concepto original de las Konica Minolta y Minolta, y sin embargo,
cualquier usuario de una Minolta 7D reconocería de inmediato a esta
A700 a pesar de su cambio de formas y de piel.

Las formas de la A700 representan una evolución bastante
conseguida a partir de la originales de los cuerpos Konica Minolta


El
tambor selector de modos es de sencilla legibilidad y el acabado del
plástico de su moleteado facilita el manejo, incluso bajo tiempo frío.
En
este último aspecto, en el de la piel, en el que pensamos que Sony debe
encontrar esa “identidad” propia: ¿quizá sea precisamente su intención
conseguir ese aspecto tan “plasticoso” propio de sus cámaras SLR? Es
posible, pero preferimos dudarlo. La “A 900”, en su acabado
definitivo, nos lo dejará ver.


Un botón casi para cosa, y un buen tacto y diseño por lo
general

Los conmutadores deslizantes representan –en nuestra
opinión– un herencia menos afortunada de MInolta
Por
lo demás, los rasgos característicos de la A700 vienen marcados por la
ausencia de un panel LCD en la parte superior –todo queda confiado al
monitor posterior– y la presencia de un tambor de modos único apoyado
sabiamente por un “joystick” (muy de Sony) así como de un amplio juego
de pulsadores específicos para distintas funciones.
Estos pulsadores no solo tienen buen tacto, sino que la respuesta
electrónica es muy rápida, sin apenas paralaje de tiempo.

El "joystick" de Sony facilita el manejo dentro del modo
"Quick Nav" de Sony para navegar rápidamente por los menús

Tarjeta CompacFlash, y si se desease, hay ranura para las
Memory Stick
Esta
herencia de Konica Minolta es precisamente uno de los aciertos que
hacen que el manejo de la A700 resulte fácil e intuitivo.
La parte
mala de esa herencia, es –a nuestro juicio– los feos, duros y poco
prácticos conmutadores deslizantes para puesta en marcha y
estabilización. Bonito, robusto y práctico el de selección de modos de
enfoque: un modelo para Nikon.
¿Nuestro punto favorito? El sistema
de desconexión automática del panel posterior a través del detector de
la presencia del ojo junto al ocular. Otra buena herencia materna, que
posteriormente ha sido adoptada en algún que otro modelo Canon.
Pero
tampoco descartamos el que nosotros venimos en llamar “seudo cierre de
espejo”, otra bella herencia de los viejos tiempos: al utilizar el
autodisparador, al principio de la carrera, el espejo sube y se bloquea
en posición, evitando vibraciones en el propio momento del disparo.
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Última actualización ( miércoles, 26 marzo 2008 )
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