|
Un artículo de Valentin Sama
|
|
domingo, 15 junio 2008 |
|
Página 10 de 17
Medición
En nuestra opinión, el sistema de medición de la Leica M8 es para
aquellos “que saben colocar” y ver “dónde caen” las cosas, según el
lenguaje de Ansel Adams.
Algunos fotógrafos acostumbrados a las mediciones matriciales de sus
SLRs, fotógrafos que a pesar de su gran experiencia profesional, pueden
resultar “neófitos” para una Leica M8, experimentan –al principio–
algunos resultados aparentemente erráticos en las exposiciones en
encuadres consecutivos pero diferentes, dentro de una misma situación.
Ello se debe a que ignoramos que uno debe leerse los manuales de
instrucciones.
En el de la Leica M8, en la página 105 (versión en español), podemos
leer que ...”la medición de la exposición se realiza a través del
objetivo, con la abertura de diafragma de trabajo con intensa
ponderación central”...

Esquema © Leica
En efecto: en la Leica M8 la medición es casi puntual
central, y por tanto, debemos prestar atención a dónde “colocamos” la
parte central del encuadre cuando pulsamos el disparador para activar
la medición, puesto que la zona de la escena sobre la que recaiga será
la que tendrá una gran influencia en la medición y en la exposición
subsiguiente.
Esa atención deberá ser aún mayor en el modo de toma en automatismo de
abertura (“A”), pues será inevitablemente menos reflexiva que la
medición manual.
Un vistazo al gráfico aportado por la firma nos hará ver que pequeñas
desviaciones (sobre todo en vertical), producen cambios en la
evaluación de hasta 4 EV (“puntos de diafragma”) por debajo de la
medición puramente central. ¿Alguien ha dicho que la Leica M8 no fuese
una cámara para conocedores de “lo que se guisan”? Nosotros mismos,
durante los primeros días con la M8 caímos en esa trampa potencial.
Por cierto: el hecho de realizar la medición a la abertura real de
trabajo (“diafragma cerrado”) añade mucha más precisión a la medición,
pues compensa posibles variaciones de la abertura real respecto a la
simulada (cámaras SLR).
El sistema opera en TTL analizando la luz reflejada por la lámina
central del obturador planofocal. En base a esa decisión de ingeniería,
la medición está fuertemente enfatizada, especialmente en el sentido
vertical. Una vez sabido y aunque no existan marcas delimitadoras en el
visor, se le puede sacar a ese sistema un partido notable. A ello puede
ayudarnos el hecho de que disponemos en el visor de un aviso de en qué
momento de nuestra pulsación sobre el disparador se ha fijado la
medición y la exposición: aparece una “pestañita” luminosa arriba y la
izquierda del tiempo de obturación indicado.{mospagebreak title=Captor:
idiosincrasia}
Captor: idiosincrasia
Desde su presentación hace aproximadamente un año y medio, se ha
escrito y hablado mucho acerca del captor de la Leica M8, sus
características e idiosincrasia. Poco queda por añadir, excepto nuestro
punto de vista.

© Leica
Cuando los responsables de Leica finalmente tomaron la decisión de
fabricar una Leica M digital, se enfrentaron a una difícil disyuntiva:
mantener la compatibilidad con las ópticas Leica M preexistentes o
crear un sistema enteramente nuevo, con objetivos telecéntricos
adaptados al nuevo medio digital.
Lo segundo hubiese representado una ruptura absoluta con el concepto
Leica M de durabilidad y no obsolescencia, por lo que –sin descartar
ese sistema para un futuro– se optó por la compatibilidad.
Puesto que existen objetivos Leica M desde los años 50, y casi ninguno
de ellos es ni retrofoco ni telecéntrico, y el “ángulo de ataque” de
los rayos de luz es (sobre todo para los angulares) especialmente
problemático sobre los captores digitales, se optó por un ingenioso
sistema de compromiso: adaptar la arquitectura del captor para esos
ángulos de incidencia poco ortogonales. Y un compromiso... es un
compromiso entre varias opciones “mejores”.
Primeramente se calculó el tamaño más idóneo para la situación –también
para el tiempo– optándose por el de tamaño de 18 x 27 mm (1.5:1), para
10,5 megapíxeles, lo que supone un factor de 1,33 x, más favorable que
el 1,5 x de los captores APS-C.
A continuación se pidieron al fabricante (Kodak), una serie de costosos
cambios en la arquitectura habitual. Ello afectaba al filtro de
infrarrojos, al de paso bajo y a la disposición de las microlentes.

© Leica
En el captor de la Leica M8 las microlentes se ubican ligeramente
desplazadas conforme se alejan del centro hacia las esquinas del captor
y con ello se mejora la captación de luz periférica aún con objetivos
angulares no retrofoco ni telecéntricos.
Para los filtros citados, se crearon versiones muy delgadas, a fin de
el espesor de las láminas de vidrio y las multicapas de interferencia
afectasen lo menos posible a esos rasantes haces de luz.
Finalmente, y esa es otra pequeña proeza de diseño, se inventó un
sistema de “caracterización” y comunicación entre objetivos y cuerpo de
cámara. Pero eso lo dejaremos para más adelante.
Como consecuencia de ese menor espesor del filtro contra la radiación
infrarroja, su grado de eficacia se ve reducido, y en determinadas
situaciones, los resultados se dejan notar como una respuesta de color
ligeramente alterada para la reproducción cromática de determinados
sujetos, especialmente fibras sintéticas o pinturas negras.
Quizá debido a una reacción tardía por parte de Leica ante ese
fenómeno, ha recibido no pocas críticas, especialmente por parte de
aquellos... que no son propietarios de una Leica M8.

El filtro IR/UV opera por interferencias, no adolece de
factor y es sorprendentemente camaleónico: ahora se ve rojizo...

Ahora, verdoso, casi no se ve...

Y ahora.....
Una vez descubierto este “problema” para unos y “particularidad” para
otros, la reacción final de Leica fue limpia y clara: ofrecer unos
(costosos) filtros infrarrojos para colocar sobre el objetivo cuando el
usuario lo considerase oportuno y si lo consideraba así. Sin factor de
absorción, se combinan con una actualización de firmware que permite
optar por “reconocer” o no el uso de filtro. La opción primera evita la
posible aparición de tonalidades verdosas hacia las esquinas con los
objetivos angulares y la combinación con el filtro. Según tenemos
entendido, Leica regala o regalaba a cada poseedor de una Leica M8 dos
filtros de diámetro a elegir (según objetivo). Imaginamos que ahora, el
tema "se da por sabido", y dado los costoso de la operación –entre 100 y 150 € por filtro, según el diámetro– (según el
mismo Sr. Kaufmann...) la campaña se habrá dado por finalizada.
En nuestra humilde opinión, si Leica se hubiese anticipado, al
presentar la M8, en este sentido, mostrándolo como parte del concepto
de la cámara y no como una respuesta a un “descubrimiento” de un
problema por parte de los usuarios, se hubiese ahorrado unos cuantos
comentarios negativos.
Porque existen unos pocos aspectos no solo “curiosos” sino
potencialmente positivos.
Por un lado, personalmente y mucho antes (años) de aparecer la Leica
M8, ya habíamos podido observar que los captores de las SLR digitales
(distintas marcas) que utilizábamos para nuestro trabajo ya adolecían
de una incompleta corrección del infrarrojo. Los metales pavonados de
las cámaras que fotografiábamos nos lo dejaban ver. Una corrección
selectiva en Photoshop, de más magenta que rojo nos solucionaba el
problema.
Suponemos que no somos los únicos que nos habíamos dado cuenta, pero...
al no tratarse de un “patinazo” de Leica, no se habían publicado
comentarios más o menos fuertes al respecto....
La cosa está clara: en el “estado del arte” digital del momento, si se
desea poder emplear una cámara de telémetro, compatible con los
objetivos del sistema M, quizá nuestras “joyas personales” desde 1954,
debemos estar dispuestos a realizar alguna concesión.

Esta combinación, con un Leica Elmar 5 cm f/3,5 en níquel,
de aproximadamente 1932, es solo para expertos: al ser el objetivo
retrátil, si lo introdujésemos hacia dentro, o lo tratásemos de montar
retraído, podríamos dañar la cámara. Pero no es menos cierto que
podríamos tratar de emular a Rober Frank, hoy, con nuestra Leica M8.

Esta otra, con un angular Leica Elmar 35 mm f/3,5 de poco
más tarde, en cromo, no supone riesgo alguno.

Y... ¿por qué privarnos
del escalofrío de usar un "ruso", un Júpiter 8,5 cm f/2 sobre
la Leica M8?
Todos ellos, mediante un sencillo adaptador, con el
enfoque por telémetro, medición y exposición perfectamente funcionales
Ello no quita, para que en un futuro no inmediato ni muy próximo, quizá
se pueda fabricar una “Leica M9”, con captor de 24 x 36 mm o de 24 x 32
mm, un captor que además no necesite para esos casos citados, de
protección adicional infrarroja sobre el objetivo. Desde luego no
costaría lo que cuesta una Leica M8, que no es precisamente poco, sino
bastante más.
Por otro lado, y entrando en el aspecto de lo potencialmente
positivo... ¿no estaríamos dispuestos a pagar algo más por un sistema
de captor o sensor que registrase algo más que la radiación visible?
¿No gustan los especialistas, de cargar sus cámaras con emulsiones en
blanco y negro superpancromáticas o infrarrojas? Pues bien, para
fotografiar en blanco y negro con la M8, ya disponemos de ese captor de
sensibilidad espectral extendida, sensibilidad que podemos reducir o
limitar mediante el filtro externo opcional, Los que trabajan con
archivos en blanco y negro a partir de la Leica M8 comentan que esa
sensibilidad extra infrarroja hace maravillas para abrir las sombras.
Una cosa está clara: “no se puede repicar campanas e ir en la
procesión”.
Captor: sensibilidad
Siguiendo con la idiosincrasia de la M8, su captor ofrece
sensibilidades ISO menos comunes en lo digital. Así, en lugar del
esquema clásico de 100, 200, 400 800, 1.600 y 3.200 ISO, en la Leica M8
disponemos de los ajustes de 160, 320, 640, 1.250 y... 2.500 ISO.
No existen ajustes intermedios y más adelante hablaremos de rendimiento
y ruido.
|
|
Última actualización ( martes, 17 junio 2008 )
|
|