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Un artículo de Valentin Sama
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domingo, 15 junio 2008 |
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En la mano
Para los conocedores de las Leica M, poco habría que añadir referente a
esta M8, y quizá la mejor alabanza que podemos hacer en ese sentido es
que la M8 se comporta casi como cualquier otra Leica de la serie M,
todas ellas “analógicas”.
Pero como no todo el mundo está familiarizado con ellas.... allá vamos.
En la mano, la Leica M8 sorprende inicialmente por la sensación de
rotunda solidez que aporta el conjunto de su tamaño relativamente
pequeño, la ausencia de profusión de botones y mandos y finalmente, su
peso: 830 gramos con un Summarit 35 mm f/2,5 y lista para “el combate”,
con batería tarjeta, tapa del objetivo y correa original.
La siguiente sensación, para un recién llegado al sistema M, es que a
la Leica M8 le falta algo de “grip” en el lado derecho. Se lleva con
más seguridad con la correa, especialmente por parte de aquellos que
están más acostumbrados a las SLR digitales, con su ya conocida
empuñadura.. Esta es una característica común a las Leica M, y de
hecho, la firma dispone en su catálogo de una pequeña empuñadura
accesoria (195 €). Pero no es menos cierto que una Leica M pierde un poco de
autenticidad si comenzamos a añadirle ese tipo de accesorio.

Inmediatamente, todo a la vista: dial de tiempos de obturación,
abertura de diafragma (sobre el barrilete de objetivo), distancia de
enfoque e incluso, si, escala de profundidad de campo. No es improbable
que más de un recién llegado desde el mundo SLR digital, tenga que que
estudiar cómo se maneja esa práctica escala, que, por ejemplo, nos
permite llevar la cámara preenfocada, para poder realizar un rápido
disparo, con la seguridad de conocer la gama de distancias a la que
disfrutaremos de una nitidez suficiente.


En lo que respecta a la parte correspondiente a la toma digital, ya nos
hemos expresado antes: esta Leica M8 aporta una interfaz de usuario que
nos parece mucho más sencilla, intuitiva, elegante y rápida de usar que
las más habitualmente utilizadas por las SLR digitales. Decididamente
“leicalike”.
Supongamos que previamente hemos seleccionado, bien un perfil de
usurario preexistente, bien un modo de toma (siempre DNG + JPEG Fine
para nosotros), un valor ISO y un ajuste de blancos: nos echamos la
Leica M8 al ojo, enfocamos mediante el telémetro y la colaboración de
la sedosa helicoidal del objetivo (en nuestro caso un Summarit-M) y
pulsamos ligeramente el disparador....
Se ilumina el tiempo de obturación que va a introducir la cámara
(estamos en “A”) y aumentamos la presión sobre el disparador.
El recorrido es limpio, sin durezas, y sin embargo, tras unos pocos
disparos de práctica, pronto seremos capaces de “notar” de “saber” en
qué punto de presión se va a producir el disparo. Es simplemente
magnífico: se trata de una sensación que habíamos perdido en gran parte
con los disparadores más “eléctricos” de las cámaras hoy día más al
uso.
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Última actualización ( martes, 17 junio 2008 )
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