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Mecánica
Los objetivos Carl Zeiss de la serie ZM, para la cámara Zeiss Ikon, están fabricados con barriletes enteramente mecánicos, al mejor estilo de la industria mecanoóptica tradicional alemana y ello independientemente de que estén fabricados en Japón.
Metales selectos de propiedades armonizadas, tolerancias mínimas, piezas finamente ajustables, uso mínimo de grasa, y tratamiento adecuado de las superficies garantizan algo que es al menos tan importante como la excelencia óptica: longevidad en los ajustes que deben mantener la integridad del ajuste de los componentes ópticos.
El enfoque, sin juegos, es sedoso, con el punto justo de dureza, al tiempo que el aro de diafragma encaja en los clics con suavidad, pero con agradable concreción. Y ello a pesar de que no resulta nada fácil ofrecer ajustes de un tercio de punto de diafragma con encaje por clics.
Escalas completas de profundidad de campo y ajustes de valores de diafragma en tercios de punto y por "clics": un lujo recuperado.
En lo que se refiere a los parasoles específicos, es de comprender que no sean precisamente baratos, pues están realizados en metal, con cuidado acabado antirreflejos interior, y con recortes para que obstruyan lo menos posible los encuadres por el visor.
En lo que se refiere a la bayoneta de tipo "M" (compatible con Leica), los que estén más acostumbrados a las más clásicas bayonetas de las cámaras réflex monoculares (SLR), se sorprenderán de lo corto del giro necesario y de la contundencia y precisión del encaje. Referente a este último aspecto, hemos podido confirmar en las últimas unidades probadas, la total ausencia de juegos.
(*) Como regla general "no oficial", para cualquier objetivo, los efectos negativos de la difracción tienden a hacer su aparición para aquellas aberturas de diafragma equivalentes a dividir la focal del objetivo por cuatro
F/4 = Nºf a partir del cual podemos esperar, o más bien temer, efectos apreciables de difracción.
Por ejemplo: 50 mm/4= Nºf 11-16
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