|
Página 5 de 16
En la mano: el manejo
Después de mucho tiempo de -por cuestiones "de mercado"- tener que manejar casi con casi total exclusividad, cámaras digitales, poder volver a manejar una cámara analógica, para película, ¡se convierte en una experiencia casi mística!
Para cargar la Zeiss Ikon con película, debemos actuar sobre el pestillo con seguro situado en el lateral izquierdo de la cámara. Lo que aparece es cámara analógica en estado puro: largas guía para el plano focal de la película, bobina receptora, bobina dentada de avance la película, espacio para el chasis de la misma y ningún contacto eléctrico.
La posición lateral de la rosca para el trípode no es uno de los puntos fuertes de la Zeiss Ikon, si bien es cierto que es poco frecuente "amarrar" al trípode una cámara telemétrica
Para insertar el chasis de la película, debemos extraer el mando de rebobinado hacia abajo. Esta ubicación, en la parte inferior de la Zeiss Ikon, permite ofrecer la muy bella parte superior lisa de la cámara.
Una vez insertada la película fotoquímica 135-36, lo debemos tener muy claro: disponemos de una suerte de "tarjeta" para 36 tomas en formato "TIFF", equivaliendo cada una de esas tomas aproximadamente a la densidad de información proporcionada por un captor de 25 megapíxeles. Eso sí: no podremos comprobar nuestra imagen hasta haber procesado el "archivo RAW", lo que será de forma prácticamente irreversible. Simplemente disponemos en nuestras manos de una poderosa herramienta, pero para sacarle partido debemos ser... fotógrafos.
El avance la película, mediante la palanca manual de arrastre se realiza con la precisión y contundencia libre de vacilaciones de un aparato germano, por más que se trate de un producto fabricado en Japón. Los juegos excesivos brillan por su ausencia.
Como la mayoría de las cámaras telemétricas, estamos ante una configuración pensada para ser empleada encuadrando con el ojo derecho: de esa forma, el pulgar de la mano derecha queda libre para actuar sobre la comentada palanca de arrastre sin tener que retirar la cámara del ojo, como tenemos que hacer los mortales que encuadramos con nuestro ojo derecho: cuestión "de narices".
Esa ubicación del ocular, en el extremo izquierdo de la cámara, no es caprichosa: se trata de conseguir la máxima separación posible entre el citado ocular, y "la otra" ventana, del telémetro. Como es sabido, a mayor separación entre ambas ventanas, mayor base mecánica del telémetro, y por ende, mayor precisión de enfoque.
|