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La mezcla de belleza, sentimiento, saturación cromática y espacios naturales no parece vivir su mejor momento en nuestro país. Paisajes idílicos, atardeceres de ensueño, entornos salvajes, colores increíbles, especies amenazadas y momentos mágicos se conjugan en una serie de obras que todavía muchos siguen considerando como un “arte menor”. Incluso a veces se perciben como frívolas, superficiales o producto de fotógrafos aficionados. Cuando en una revisión de porfolios alguien me dice por tercera vez que mis fotos son muy bonitas, entonces sé que algo va mal, muy mal. Los que nos dedicamos a esto de salir al campo con la cámara sabemos que, fuera del circuito de la fotografía conservacionista o los concursos de “vida salvaje”, no quedan muchos espacios donde se aprecie un hermoso paisaje bañado por la cálida luz de un amanecer espectacular.

Amanecer en Mount Rainier National Park (EE.UU.) © Fernando Puche
Amanecer en Mount Rainier National Park (EE.UU.) © Fernando Puche

Espectacular; he aquí el problema. Dentro del ámbito artístico español pocos parecen valorar un tipo de fotografía que ciertamente se parece demasiado a las postales que venden en los Parques Nacionales más famosos y visitados del globo. Nada de suavizar los colores, descuidar la composición, incluir las alteraciones paisajísticas más aberrantes o evitar la grandiosidad del entorno. Claro que no. Nada de sesudas reflexiones a pie de foto sobre la condición humana, disertaciones sociológicas alrededor de nuestra relación con el entorno o comprometidas cuestiones de difícil solución. Todo lo contrario: alimento para nuestras pupilas, un auténtico empacho de imágenes de ensueño. Naturaleza embriagadora directa como un cohete hacia nuestra más básica dimensión sentimental. La belleza es a veces tan abrumadora que parecen vacías de contenido.

Vacías; he aquí el error. La estética parece cegarnos de tal manera que en ocasiones solo percibimos un documento veraz de cierto enclave paisajístico fotografiado en un “instante decisivo”. Un instante por cierto saturado de hermosura campestre. Qué pena que Cartier-Bresson no se dedicara a esto de la fotografía de naturaleza. Quizá hubiera dignificado algo más la tarea de tantos y tantos autores que seguimos empeñados en buscar en el mundo natural algo que lo conecte con nuestra alma. National Geographic lo ha intentado “a su manera” por la vía del asombro y la protección del medio ambiente, pero el mundo del arte parece querer huir desde hace tiempo de todo lo que huela a emoción, belleza y romanticismo. Y hace bien en renovar los cánones del buen gusto artístico, pero no podemos caer en el error de pensar que la fotografía paisajística no se sustenta sobre concepto alguno.

Detalle en roca © Fernando Puche
Detalle en roca © Fernando Puche

Concepto; he aquí la clave. El “exceso” de belleza puede ocultar lo que hay detrás de una imagen si nos convencemos a nosotros mismos de que la carencia de pie de foto o discurso adjunto es sinónimo de ausencia de concepto. Yo soy de los que piensan que toda imagen que realiza un fotógrafo es conceptual porque siempre parte de una idea, la que sea. Es conceptual porque la persona que la crea lo hace a causa de algo y con un fin concreto. Desea comunicar un mensaje, un sentimiento, una experiencia, un estado de ánimo, una utopía, un deseo… La Historia nos demuestra que incluso las pinturas rupestres contaban un relato y eran reflejo de una determinada concepción del mundo. En los dibujos prehistóricos hallados en numerosas cuevas del planeta hay artesanía y también ideas; son representaciones de un mundo, el de aquella época, que hacen alusión a mitos, a un deseo de futuro, a incertidumbres, a una manera muy concreta de concebir y percibir la realidad circundante. Pinturas que son reflejo, como casi siempre, del cerebro que las crea y de la manera de interpretar lo que percibe a través de los sentidos.

Percibir; he aquí la solución. Si a veces solo vemos en las fotografías de naturaleza paisajes idílicos llenos de tópicos es porque nosotros también las percibimos como un cliché. Un gigantesco estereotipo que dice que no hay nada tan superficial como una fotografía hermosa de un lugar hermoso. Que no puede haber nada revelador en la belleza por la belleza misma. La solución pasa por dejar de observar este tipo de obras de manera apresurada e impaciente buscando únicamente el supuesto mensaje, la historia o el discurso sociopolítico que acompañan a muchas obras contemporáneas. Hay formas y formas de mirar las obras de arte, y una de las más perjudiciales es hacerlo para reafirmar todos nuestros prejuicios. Una imagen bella no es trivial porque sea hermosa; lo será porque sea redundante, porque no sea coherente, porque no transmita lo que el propio autor desea, porque es fallida en su ejecución, porque no dialogue bien con sus compañeras de serie, porque no aporte nada al discurso del fotógrafo, porque no refleje una visión “personal”, etc. Hay más razones, y ninguna tiene que ver con la cantidad de belleza que transmite la imagen.

Otro error que a veces cometemos es contemplar las obras de arte pensando que la experiencia estética no tiene suficiente entidad por ella misma y necesita complementarse necesariamente con una experiencia intelectual. Sin esta última la primera parece insustancial e ingenua. Pero el supuesto impacto racional no puede convertirse en condición indispensable para poder gozar de una fotografía, y menos aún para catalogarla de significativa o desechable.

Ahora, después de estas escuetas aclaraciones, vamos a intentar responder a la pregunta que encabeza el artículo. ¿Sirve para algo la fotografía de naturaleza? Bueno, entre otras cosas, para deleitar la vista y que chiflados como yo sigamos saliendo al campo con la cámara a cuestas buscando felicidad, emociones y belleza. Así que la primera respuesta es evidente: sirve de terapia. Y no es poco. También debería valer para que algunas personas se den cuenta de que el planeta que habitamos es de una belleza abrumadora y sería una lástima convertirlo en un erial a consecuencia de nuestro lucro monetario y afán productivo. Ésta es en realidad una respuesta moral. Asimismo podría servir para aflojarnos algo más el corsé “conceptual” que a veces nos atora y abandonarnos un poco a la experiencia sensible y al goce estético, lo que podría permitir una mayor receptividad hacia los estímulos afectivos. Sacar las emociones de paseo en cada exposición que visitemos. Dejarlas sueltas y a su aire ―como las soltamos cuando hacemos el amor― cada vez que contemplemos una muestra fotográfica.

Playa de Asturias © Fernando Puche
Playa de Asturias © Fernando Puche

Más cosas. La fotografía de naturaleza podría servir también para hablar, no únicamente de lo que muestran las imágenes, sino también de lo que sugieren y así dejar de lado –aunque sea de cuando en cuando– esa tendencia del conceptualismo de referirse de manera obsesiva a las ideas, abriéndonos un poco más al mundo de los fenómenos, las intuiciones y los sentidos. Tampoco sería bueno reducir todo a mensajes verbales. Yo lo tengo claro: no todo puede explicarse con palabras.

Finalizamos. ¿Para qué puede servir entonces la fotografía de naturaleza? Puede servir de terapia, de argumento moral, de relajación conceptual, de reivindicación estética, de pequeña liberación emocional, como vía de conocimiento y también para practicar cierta flexibilidad mental que nos evite juzgar una foto únicamente por la historia o el relato al que dice referirse –que todo esto es, en cierto modo, para lo que vale eso que se llama cultura–. Para mí, una buena idea muy bien fotografiada es mucho mejor que una muy buena idea mal fotografiada. Pero esto no se lo podemos exigir al público así, por las buenas; antes, los chiflados que seguimos saliendo al campo en busca de felicidad, emociones y belleza tenemos que estar plenamente convencidos de ello. Solo así lograremos que cada vez más personas se tomen en serio las fotos que hacemos.

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Fernando Puche
Siempre dice que si tuviese que vivir de sus fotos estaría debajo de un puente. Quizá por eso comenzó a escribir libros y artículos sobre fotografía y, como no,sobre sí mismo. Se empeñó en leer todo lo que podía sobre creatividad para descubrir que se había pasado buena parte de su vida persiguiendo a sus héroes e intentando ser como ellos. Para descubrir también que crear una obra medianamente original es mucho más difícil de lo que parece. Él asegura que está en ello.

10 Comentarios

  1. Es curioso…este país no brilla en exceso por sus autores “conceptuales” pero somos potencia mundial en documentalismo, prensa y naturaleza, sí, naturaleza… Y estas “ramas” de nuestra fotografía son las más infravaloradas y denostadas por nuestro mundillo intelectual y conceptual…
    Sirve para algo la fotografía de naturaleza? A todas tus respuestas yo añadiría, Fernando…para dar prestigio a la fotografía que se hace en este país y popularizarla. Por otro lado añadiría otra pregunta: Sirve para algo la fotografía conceptual? Yo creo que sí, aparte de que la farándula y ciertos vendedores de humo se ganen los garbanzos o especulen con parte de su producción…

  2. Hola Fernando, soy Severiano Resino. Llevo muchos años pateando campo y fotografiando seres vivos y los paisajes donde viven.
    Para mí, el paisaje es lo más espiritual de la fotografía de Naturaleza. Disfruto y necesito el contacto con la Naturaleza. Me siento felíz con el frío, el calor, las tormentas, el silencio, la oscuridad, la lluvia, la niebla, la fuerza del viento, los aromas, la conversación con el pastor, la mujer y hombre campesino.La fotografía de la Naturaleza ha sido el camino para aprender a ser humano. Y en este camino he visto la verdad que nos muestra la madre tierra y la mentira de la modernidad. Y sobre todo le agradezco que me ha enseñado a sentirme y ser pequeño, y con ello, a ubicarme mejor en mi sencilla vida.
    El paisaje es espiritual no es arte. La espiritualidad no está en los mercados donde se decide lo que es o no arte.
    Personalmente prefiero que el paisaje no sea arte. Pues si algún día lo es, nuestros sentimientos y emociones, tendrán un precio.

    • Hola. Coincido plenamente Severiano con que el paisaje no es arte, o por lo menos no en un sentido gral, quizas algun dia esa misma imagen se convierta en arte, a juzgar por otros. La fotografia de Naturaleza sigue siendo la mas difícil de “fotografiar” por los fotógrafos profesionales, y cuando están pensadas, observadas y nos tomamos el tiempo de comunicar lo que sentimos en ese momento (o porque no de hacer sentir algo que nosotros no) ahí nace una gran foto de paisaje y a las personas les encanta verlas y tienen el deseo de querer estar allí, algo que nunca podrán hacer porque con tu camara lograste captar un momento único e irrepetible.

      Saludos,

  3. He llegado de casualidad a tu blog, tras haber decidido un cambio a un formato que dicen “no profesional”, el m43. Pero no voy a hablar de eso, por supuesto, sino de mi experiencia personal y el por qué, aparte de lo que muy bien comparto con Severiano, para mi la fotografía de naturaleza es esencial y principal: Me llena. Y cuando hago una foto no sólo quiero plasmar el momento, sino conservarlo y tratar que otros se maravillen como yo lo hice cuando decidí apretar el botón del obturador. Hay algo con lo que sólo algunos estarán de acuerdo sobre por qué valoro más una fotografía de un paisaje por simple que sea que la de una de un rascacielos de nueva york o, ya puestos, que un cuadro de Van Gogh: La belleza de la naturaleza es irrepetible y efímera. Un rascacielos podemos volver a construirlo una y mil veces y quedará igual. Lo mismo un cuadro de Van Gogh. O la muralla china (con dinero, todo eso es posible). Pero es imposible volver a repetir cada momento único que nos ofrece la naturaleza porque simplemente, es imposible controlarla, y es ahí donde radica su sorprendente e inigualable belleza.

    ¿Sirve para algo la fotografía de naturaleza? Tal y como has desarrollado tu artículo, da la impresión que la pregunta debería haber sido más concisa: “Es rentable la fotografía de naturaleza” (refiriéndose a nivel remunerativo y curricular). Como no es mi caso, ya que no vivo y ni tan siquiera publico mis fotos, mi respuesta es: “Por supuesto que ME sirve”.

    Saludos

  4. A mi en lo personal me encanta la fotografía de paisaje, creo que el 90% de mi material fotográfico se trata de eso. En algunos concursos me han dicho “qué chiste tiene” y veo fotos de guerra, violencia, abusos y un largo etcétera que son elogiadas. Y yo digo lo mismo que tú: ¿porqué nos aferramos a ver lo amo, lo crudo? y no digo que no exista. Pero un atardecer jamás es igual a otro.
    Me encantó tu artículo, tiene mucho de razón

  5. A mi la verdad es que toda la fotografía de paisaje me parece igual. Veo la obra de reputados fotógrafos y podría cambiar fotos entre todos ellos y nadie notaría la diferencia. Son fotografías totalmente perfectas… Perfectamente aburridas.

  6. Hola:
    Me han parecido muy interesante el artículo y las fotografías de Fernando Puche a quién felicito por su trabajo con el que algunos (muchos) hemos disfrutado y aprendido. Ya solo por eso merece la pena la Fotografía de Naturaleza. Coincido con casi todas las opiniones y sólo quiero añadir el potencial educativo, científico, divulgador y conservacionista que ha tenido y sigue teniendo la Fotografía de Naturaleza. Sobre la valoración que puedan hacer de ella determinados sectores del mundo de la Fotografía o del Arte o la llamada opinión pública me preocupa mucho menos que la que podamos tener las personas a las que nos gusta el campo, la Naturaleza, la vida, e intentamos disfrutar de ella, captarla, conservarla, trasmitirla y compartirla. En fin, ¡enhorabuena!

  7. Magnífico, brillante artículo. Dado el contexto cultural actual tan decadente, hace años que me llevo preguntando lo mismo. Coincido plenamente en tus respuestas a la gran duda. De hecho, presento mi libro de fotografías de naturaleza como una obra puramente para deleite visual. Gracias por tu excelente alegato porque, aunque seas una sola persona, el hecho de que seas un apasionado fotógrafo de paisaje de naturaleza y hayas apreciado esta tremenda realidad, ya me consuela enormemente. Un abrazo.

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