Jueves, 19 de Marzo de 2015 10:00 Miguel Zorita

Locos por Japón

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La fascinación que ha producido el país nipón en occidente se remonta casi al momento de su descubrimiento europeo, desde entonces ambas culturas se han atraído mutuamente siendo el siglo XIX uno de los puntos clave de esa pasión.

En la era decimonónica no había palacio europeo que se prestase sin un salón chinesco o una pieza ornamental traída del imperio del sol naciente, baste recordar cómo el té se fue introduciendo en las altas esferas de la sociedad británica. El totum revolutum que había en Europa con las culturas asiáticas era grande y más aun teniendo en cuenta que muchas de las historias pasaban por el filtro del romanticismo transformando historias reales en hermosos argumentos como el de Madame Butterfly.



La ópera Madame Butterfly inspirada en la historia de Madame Chrysanthème es un claro ejemplo de la influencia japonesa en la cultura occidental.

La idealización de Japón no solo se tradujo en el mundo operístico o de las artes decorativas, sino que también la fotografía se vio implicada en ese entusiasmo y aunque la llegada de la fotografía no fue muy diferente a otros países asiáticos Japón vivió un proceso distinto.

Desde que en 1848 llegasen las primeras cámaras, Japón se lanzó a la aventura de la fotografía surgiendo incluso excelentes fotógrafos autóctonos como Ueno Hikoma que llegó a traducir numerosos manuales de fotografía e incluso a crear su propia escuela o Yokoyama Matsusaburo uno de los grandes fotógrafos que en este caso tuvo como maestros a los rusos, los cuales obviamente también tenían intereses en Japón.


Japoneses como Kusakabe Kimbei demostraron tener el mismo nivel que sus maestros europeos. A la izquierda se aprecia su estudio, donde triunfó como fotógrafo especializado en colorear imágenes.

Por aquel entonces el país nipón vivía grandes cambios remodelando su estructura social y dejando atrás muchos aspectos tradicionales en pos de la modernidad. Algo que necesariamente había de ocurrir pero que sin embargo no hizo ninguna gracia a los fotógrafos europeos que veían cómo el exotismo japonés se evaporaba en favor de la vida moderna.

Las estampas de tipos populares encandilaron a los europeos decimonónicos que veían, bien en las geishas todo un símbolo de la belleza, bien un ideal del honor en los viejos samuráis. Pero no solo eso, las ropas o la estética en general eran tan apreciadas en el viejo continente que grandes artistas se terminaron convirtiendo en “otakus” (salvando las distancias del término actual) o lo que es lo mismo verdaderos entusiastas  de ésta cultura.

Buena muestra de ello lo encontramos en las fotografías que Maurice Guibert  hizo a su amigo Toulouse Lautrec, el cual bromeaba ante la cámara disfrazado de japonés.


Un indescriptible Toulouse Lautrec fotografiado por Maurice Guibert.

Mientras tanto, al otro lado del mundo aquel folclore… en definitiva aquel estilo de vida comenzaba a desaparecer suponiendo un serio problema para los fotógrafos que vivían de captar aquellos tipos populares. El austriaco Raimund von Stillfried (1839-1911) o Adolfo Farsari (1841-1898), vieron tambalear sus negocios al comprobar que Japón perdía su exotismo en favor del progreso y el avance.


Los samuráis, una constante en la obra de los primeros fotógrafos europeos como Raimund von Stillfried


Los samuráis por ejemplo fueron abolidos en 1869 y los vehículos europeos fueron sustituyendo el tradicional kago con el que dos hombres porteaban a los pasajeros. Todos estos cambios, inevitables por otro lado, no fueron problema para uno de los fotógrafos más fecundos que pisó Japón, Beato Felice. De origen italiano este fotógrafo nació en Corfú, una isla jónica que en ese momento era protectorado británico, lo cual favoreció que viajase con cierta libertad por las colonias británicas hasta recalar en Japón.


Retrato de Felice  Beato muy pocos años antes de llegar a Japón


Pocos fotógrafos viajaron tanto como él en aquel siglo XIX, y así, para hacernos a la idea de la variedad de países que visitó podemos mencionar Grecia, Sudan, Israel, Corea o Birmania entre otros. Su azaroso periplo comenzó como reportero de guerra, jugándose la vida en la de Crimea y tiempo después en la segunda guerra del Opio. Lo cual le hizo recalar en el extremo oriente.

Beato Felice llegó a Japón hacia 1863 y pudo aún disfrutar de esa sociedad genuina, allí también sufrió numerosos incidentes como el incendio de su estudio y la pérdida de multitud de negativos que desaparecieron para siempre, aunque el verdadero imprevisto fue el rápido progreso de aquel exótico mundo hacia la cada vez más imperante sociedad occidental.

Curiosamente las técnicas fotográficas parecían haberse anquilosado en Japón donde en 1857 se seguía utilizando daguerrotipo, y fue precisamente gracias a fotógrafos como Felice Beato con lo que la fotografía nipona avanzó hacia el colodión húmedo. Además se introdujo la acuarela como elemento colorante de las imágenes, no obstante esta técnica al agua contaba con gran predicamento en el país.


Felice Beato supo reflejar todas las peculiaridades de la sociedad nipona desde lo cotidiano a lo deportivo

Tras su largo peregrinar por el mundo (en especial en India y China) comercializando sus imágenes en la metrópoli, Felice Beato se percató de que el exotismo de estos lugares tenía gran aceptación en Europa. Por ello se dispuso a la ingente tarea de fotografiar a una sociedad fantasma, una sociedad que estuvo a punto de desaparecer, algo que los fotógrafos supieron evitar  poniendo en valor los kimonos, las katanas y los sofisticados peinados justo antes de que cayesen en el olvido.
¿Cómo hacerlo en una situación tan poco esperanzadora para el mundo tradicional japonés? Muy sencillo, fingiéndolo. Recurriendo a los ropajes no tan antiguos y salvando si no la forma de vida, al menos si la estética.
De este modo y con el fin de crear estampas turísticas fácilmente vendibles en Europa se generaron todo tipo de escenas, irreales en el fondo, pero valiosísimas en todo lo demás.


Joven en fuerte tormenta (en torno a 1875) autoría dudosa entre Raimund von Stillfried o Kusakabe Kimbei .
 

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